[Bsf] ¿Debacle financiera, crisis sistémica ? Respuestas ilusorias y respuestas necesarias. SAMIR AMIN alllegato pdf Inglese e Francese

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Mar 16 Dic 2008 22:34:27 CET


¿Debacle financiera, crisis sistémica ? Respuestas ilusorias y respuestas

necesarias.

SAMIR AMIN

Informe introductivo - Foro Mundial de las Alternativas - Caracas, Octubre 2008

La crisis financiera era inevitable.

No nos cogió desprevenidos la explosión brutal de la actual crisis que además

había yo evocado hace unos meses cuando los economistas convencionales se

esmeraban en minimizar sus consecuencias, particularmente en Europa. Para

entender su génesis, conviene abandonar la definición corriente del capitalismo

que se suele definir, hoy día, como "neo-liberal globalizado".

Esta calificación es engañosa y oculta lo esencial. El sistema capitalista actual es dominado por un

puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones fundamentales en la economía mundial.

Unos oligopolios que no sólo son financieros, constituidos por bancos o compañías de seguros, sino

que son grupos que actúan en la producción industrial, en los servicios, en los transportes, etc. Su

característica principal es su financiarización. Con eso conviene comprender que el centro de

gravedad de la decisión económica ha sido transferido de la producción de plusvalía en los sectores

productivos hacia la redistribución de provechos ocasionados por los productos derivados de las

inversiones financieras. Es una estrategia perseguida deliberadamente no por los bancos sino por

los grupos "financiarizados". Más aún, estos oligopolios no producen provechos, sencillamente se

apoderan de una renta de monopolio mediante inversiones financieras.

Este sistema es sumamente provechoso para los segmentos dominantes del capital. Luego no

estamos en presencia de una economía de mercado, como se suele decir, sino de un capitalismo de

oligopolios financiarizados. Sin embargo, la huida hacia delante en las inversiones financieras no

podía durar eternamente cuando la base productiva sólo crecía con una tasa débil. Eso no resultaba

sostenible. De allí la llamada "burbuja financiera" que traduce la lógica del sistema de inversiones

financieras. El volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones de dólares

cuando la base productiva, el PIB mundial, sólo es de unos 44 trillones de dólares. Un gigantesco

múltiple. Hace treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras no tenía ese tamaño.

Esas transacciones se destinaban entonces principalmente a la cobertura de las operaciones

directamente exigidas por la producción y por el comercio nacional e internacional. La dimensión

financiera de ese sistema de los oligopolios finaciarizados era - ya lo dije - el talón de Aquiles del

conjunto capitalista. La crisis debía pues estallar por una debacle financiera.

Detrás de la crisis financiera, la crisis sistémica del capitalismo aviejado.

Pero no basta con llamar la atención sobre la debacle financiera. Detrás de ella se esboza una crisis

de la economía real ya que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base

productiva. Las soluciones aportadas a la crisis financiera sólo pueden desembocar en una crisis de

la economía real, esto es una estagnación relativa de la producción y lo que ella va a acarrear :

regresión de los ingresos de los trabajadores, aumento del paro laboral, alza de la precariedad y

empeoramiento de la pobreza en los países del Sur. En adelante debemos hablar de depresión y ya

no de recesión.

Y detrás de esta crisis se perfila a su vez la verdadera crisis estructural sistémica del capitalismo. La

continuación del modelo de desarrollo de la economía real tal y como lo venimos conociendo así

como el del consumo que le va emparejado, se ha vuelto, por primera vez en la historia, una

verdadera amenaza para el porvenir de la humanidad y el del planeta.

La dimensión mayor de esta crisis sistémica concierne el acceso a los recursos naturales del

planeta que se han vuelto muchísimo más escasos que hace medio siglo. El conflicto Norte/Sur

constituye por lo tanto el eje central de las luchas y conflictos por venir.

El sistema de producción y de consumo/despilfarro existente hace imposible el acceso a los

recursos naturales del globo para la mayoría de los habitantes del planeta, para los pueblos de los

países del Sur. Antaño, un país emergente podía retener su parte de esos recursos sin amenazar

los privilegios de los países riscos. Pero hoy día ya no es el caso. La población de los países

opulentos - el 15% de la población del planeta - acapara para su propio consumo y despilfarro el

85 % de los recursos del globo y no puede consentir que unos recién llegados accedan a estos

recursos ya que provocarían graves penurias que pondrían en peligro los niveles de vida de los

ricos.

Si los Estados unidos se han fijado como objetivo el control militar del planeta es porque saben que

sin ese control no pueden cerciorarse del acceso exclusive a esos recursos. Como bien se sabe,

China, la India y el Sur en su conjunto también necesitan esos recursos para su desarrollo. Para los

Estados Unidos se trata imperativamente de limitar ese acceso y, en último recurso, sólo existe un

medio : la guerra.

Por otra parte, para ahorrar las fuentes de energía de origen fósil, los Estados Unidos, Europa y

otras naciones desarrollan proyectos de producción de agro-carburantes en gran escala, en

detrimento de la producción de víveres cuyos precios en alza los azotan.

Las respuestas ilusorias de los poderes vigentes.

Los poderes vigentes, al servicio de los oligopolios financieros, no tienen otro proyecto sino el de

volver a poner de pie este mismo sistema. Esas intervenciones de los Estados ¿ qué son sino las

que les manda la misma oligarquía ? Sin embargo no es imposible el éxito de esta puesta de pie si

las infusiones de medios financieros resultan suficientes y si las reacciones de las víctimas - las

clases populares y las naciones del Sur - no dejan de ser limitadas. Pero en este caso el sistema

sólo retrocede para mejor saltar y una nueva debacle financiera, aún más tremenda, será ineludible

ya que las "adaptaciones" previstas para la gestión de los mercados financieros y monetarios

resultan ampliamente insuficientes puesto que no ponen en tela de juicio el poder de los oligopolios.

Por otra parte, resultan divertidísimas estas respuestas a la crisis financiera mediante la inyección

de fondos públicos astronómicos para restablecer la seguridad de los mercados financieros :

privatizados ya los provechos, en cuanto resultan amenazadas las inversiones financieras se

socializan las pérdidas. ¡ Cara: gano yo, cruz: tú pierdes !

Las condiciones de una respuesta positiva a los desafíos.

No basta con decir que las intervenciones de los Estados pueden modificar las reglas del juego,

atenuar las derivas. También es necesario definir sus lógicas y sus impactos sociales. Desde luego,

en teoría, se podría volver a fórmulas de asociación de los sectores públicos y privados, fórmulas de

economía mixta como ocurrió durante los "treinta años gloriosos" (los años 1945/1975) en Europa y

durante la era de Bandung, en Asia y en África, cuando el capitalismo de Estado dominaba

ampliamente, acompañado por políticas sociales fuertes. Pero este tipo de intervención del Estado

no está a la orden del día. Y ¿ están las fuerzas sociales progresistas en medida de imponer una

transformación de esta amplitud ? Todavía no, opino yo.

La verdadera alternativa pasa por el derrocamiento del poder exclusivo de los oligopolios, el cual es

inconcebible sin, finalmente, su nacionalización democrática progresiva. ¿ Fin del capitalismo ? No

lo creo. Creo en cambio que son posibles unas nuevas configuraciones de las relaciones de fuerzas

sociales que impongan al capital a ajustarse, él, a las reivindicaciones de las clases populares y de

los pueblos. A condición que las luchas sociales todavía fragmentadas y a la defensiva, en su

conjunto, consigan cristalizarse en una alternativa política coherente. Con esta perspectiva, resulta

posible el comienzo de una larga transición del capitalismo al socialismo. Los avances en esta

dirección, claro está, siempre serán desiguales de un país a otro y de una fase de su despliegue a

otra.

Las dimensiones de la alternativa deseable y posible son múltiples y conciernen todos los aspectos

de la vida económica, social, política. Evocaré a continuación las grandes líneas de esta respuesta

necesaria.

1) - La reinvención por los trabajadores de organizaciones apropiadas que hagan posible la

construcción de su unidad con el fin de trascender su dispersión asociada a las formas de

explotación vigente (paro laboral, precariedad, informalidad)

2) - La perspectiva es la de un despertar de la teoría y de la práctica de la democracia asociada al

progreso social y al respeto de la soberanía de los pueblos y no disociada de éstos.

3) - Liberarse del virus liberal fundado en el mito del individuo que ya pasó a ser tema histórico. Los

rechazos frecuentes de los modos de vida asociados al capitalismo (múltiples enajenaciones,

consumerismo y destrucción del planeta) señalan la posibilidad de esta emancipación.

4) - Liberarse del atlantismo y del militarismo que le está asociado, ambos destinados a hacer

aceptar la perspectiva de un planeta organizado sobre la base del apartheid a escala mundial.

En los países del Norte el desafío implica que la opinión general no se deje encerrar en un

consenso de defensa de sus privilegios con respeto a los pueblos del Sur. El internacionalismo

necesario pasa por el antiimperialismo, no por el humanitarismo.

En los países del Sur, la estrategia de los oligopolios mundiales lleva consigo el hacer recaer el

peso de la crisis sobre sus pueblos (desvalorización de sus reservas de cambio, baja de los precios

de las materias primas exportadas y alza de los precios de los productos importados). La crisis

ofrece la ocasión del renacimiento de un desarrollo nacional, popular y democrático autocentrado,

que someta las relaciones con el Norte a sus exigencias, esto es la desconexión. Lo cual implica:

a) El dominio nacional de los mercados monetarios y financieros

b) El dominio de las tecnologías modernas en adelante posible,

c) La recuperación del uso de los recursos naturales,

d) La derrota de la gestión mundializada dominada por los oligopolios (la OMC) y la del control

militar del planeta por los Estados Unidos y sus aliados,

e) Liberarse de las ilusiones de un capitalismo nacional autónomo en el sistema y de los mitos

pasadistas.

f) La cuestión agraria, en efecto, está en el centro de las opciones por venir en los países del tercer

mundo. Un desarrollo digno de así llamarse exige una estrategia política agrícola fundada sobre la

garantía del acceso a la tierra para todos los campesinos (la mitad de la humanidad). En

contrapunto, las fórmulas preconizadas por los poderes dominantes - acelerar la privatización de la

tierra agrícola y transformar la tierra agrícola en mercancía - llevan consigo el éxodo rural masivo

que bien venimos conociendo. Como el desarrollo industrial de los países concernidos no puede

absorber a esta mano de obra surabundante, ésta se amasa en las barriadas o se deja tentar por

las aventuras trágicas de una huida en balsa por el Atlántico. Existe una relación directa entre la

supresión de la garantía del acceso a la tierra y el acrecentamiento de las presiones migratorias.

g) La integración regional, al favorecer el surgimiento de nuevos polos de desarrollo, ¿ puede

constituir una forma de resistencia y de alternativa ? La regionalización es necesaria, tal vez no para

gigantes como China y la India o incluso para Brasil, pero seguramente sí para otras muchas

regiones, en Asia del sur-este, en África o en América Latina. Este continente está un poco en

avance en este dominio. Venezuela, oportunamente, ha tomado la iniciativa de crear el Alba

(Alternativa bolivariana para América Latina y el Caribe) y el Banco del Sur (Bancosur), incluso antes

de la crisis. Pero el Alba - un proyecto de integración económica y política - todavía no ha recibido

la adhesión de Brasil ni la de Argentina. En cambio, el Bancosur, supuesto promover otra forma de

desarrollo, asocia igualmente a estos dos países pese a que, hasta hoy, sigan teniendo una

concepción convencional del papel que ha de desempeñar un banco.

Avances en esas direcciones, al Norte así como al Sur, bases del internacionalismo de los

trabajadores y de los pueblos, constituyen las únicas garantías de la reconstrucción de un mundo

mejor, multipolar y democrático, única alternativa a la barbarie del capitalismo alicaído.

Más que nunca la lucha por el socialismo del siglo 21 está a la orden del día.
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